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Enero del 2005

Manténgase a salvo en el hospital

Tanto los pacientes como sus familiares necesitan tomar medidas para obtener el mejor cuidado médico y para prevenir errores del hospital, los médicos y los medicamentos administrados


Se puede sentir un gran alivio cuando lo admiten a usted o a un familiar al hospital, porque finalmente está recibiendo ayuda para un problema médico difícil. Pero es crucial que recuerde que lo que pasa en el hospital a veces puede ocasionar problemas de salud adicionales y que los pacientes y sus familiares necesitan tener cautela, hacer preguntas y mantenerse vigilantes al respecto de la calidad del cuidado que reciben.

En el hospital, “Usted tiene gente vulnerable expuesta a medicinas poderosas y procedimientos quirúrgicos traumáticos,” dice el doctor Robert Wachter, M.D., profesor de la Universidad de California en San Francisco, que preparó un reporte médico comprensivo (1) sobre seguridad en el hospital. “Y ese riesgo aumenta cuando los médicos y enfermeras tienen que hacer decisiones precipitadas o están muy cansados, como con frecuencia sucede, o cuando los hospitales no tienen prácticas institucionales y comprensivas sobre la seguridad del paciente, como muy pocos hospitales las tienen,” dice el doctor Wachter.

El Instituto de Medicina (IOM – por sus siglas en inglés), que asesora al gobierno sobre estrategias y directrices médicas, puso de relieve los peligros en un estudio realizado en 1999 (2) que muestran que los errores cometidos por el personal de hospitales causa la muerte de más de 100,000 personas cada año y deja con lesiones graves a medio millón más. Evidencia más reciente sugiere que o el problema se ha agravado o es mayor de lo que se pensaba antes. Un estudio en 2004 (3) de los historiales médicos de 37 millones de pacientes de Medicare sugiere que los errores en el hospital causaron la muerte o dejaron lesionados a cerca del doble de pacientes de lo que encontró el reporte del IOM.

Las investigaciones han identificado cuatro áreas de especial preocupación:


  • Infecciones, que incluyen aquellas provenientes de los “super microbios” resistentes a los antibióticos creados frecuentemente por el uso impropio y las recetas excesivas de antibióticos.
  • Errores en la administración de medicinas, causado por olvido de parte del personal para administrar un medicamento necesario, por administrar una medicina no autorizada, o por dar un medicamento a la hora o en la dosis equivocada.
  • Errores quirúrgicos, que incluyen operar en el lado contrario del cuerpo y olvidar sacar esponjas o pinzas antes de coser al paciente. También, pacientes que despiertan a la mitad de la operación por falta de suficiente anestesia.
  • Error o falta de comunicación, que no sólo causa que los pacientes se sientan vulnerables y desvalidos, pero que contribuyen a errores en la administración de medicinas y de pruebas y análisis equivocados, falta de un plan de recuperación claro, y fallas al no cumplir los deseos de la gente al respecto del cuidado que quieren al final de su vida.

En los últimos cinco años muchos hospitales han emitido iniciativas de seguridad del paciente para combatir estos y otros problemas. La concientización del paciente y a su familia es otra medida de seguridad para evitar problemas.

Protección contra las infecciones

Los Centros para Control de Enfermedad y Prevención (CDC – por sus siglas en inglés) estiman que cerca de 2 millones de personas contraen cada año, enfermedades adquiridas en un hospital, de las cuales casi 90,000 son casos mortales. Los hospitales están llenos de pacientes que llegan con infecciones y otros que están muy débiles debido a un sistema inmunológico comprometido. Los procedimientos quirúrgicos, las inyecciones y catéteres pueden ser vehículos de introducción de microbios al cuerpo. Y el personal del hospital puede fallar al no tomar las medidas necesarias para detener el contagio de infecciones.

La situación se ha hecho más peligrosa ya que han surgido bacterias que son resistentes a los antibióticos. Aquí le damos varios pasos clave que pueden ayudar a reducir su riesgo de infección.
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  • Insista en manos lavadas. Más de 150 años después de que los científicos demostraron que lavarse las manos detiene el contagio de las infecciones, menos de la mitad de los doctores y las enfermeras se adhieren a este principio básico. Exija que cualquier persona que lo toque—incluyendo sus visitas—se lave las manos con agua y jabón o con una solución que contenga alcohol. Si usted no los ve hacerlo, pregúnteles amablemente si ya lo hicieron.
  • Siga de cerca el uso de antibióticos. El uso exagerado de poderosos antibióticos de amplio espectro produce microbios resistentes que pueden infectar el flujo sanguíneo y los intestinos. Las infecciones intestinales son muy comunes cuando se recetan antibióticos junto con antiácidos muy fuertes, que suprimen la producción de ácido estomacal y permiten a los microorganismos invasores reproducirse. Así que si su doctor le receta antibióticos durante su estadía en el hospital, especialmente combinados con antiácidos, pregúntele si es realmente necesario.

Antes de una cirugía, por otro lado, los antibióticos a veces se usan menos de lo necesario o son recetados de forma indebida. Mientras que muchos pacientes operados debían recibir antibióticos antes de la cirugía, la investigación parece apuntar en la dirección de que el momento de la administración del medicamento está mal indicado en más del 50 por ciento de los casos.

Pregúntele a su médico si la intervención quirúrgica implica un riesgo alto de infección. De ser así, asegúrese que reciba una dosis única del antibiótico una hora antes de la cirugía.

  • Manténgase abrigado. La temperatura del cuerpo desciende varios grados durante la cirugía, un descenso que puede afectar el funcionamiento del sistema inmunológico y del flujo sanguíneo y aumentar la incidencia de infecciones. Así que pregúntele al doctor si sería conveniente en su caso el uso de un cobertor quirúrgico especial o alguna otra técnica para mantenerlo abrigado.
  • Esté consciente del catéter. Cerca del 40 por ciento de las infecciones adquiridas en el hospital son consecuencia de infecciones del tracto urinario. Y el riesgo de esas infecciones aumenta significativamente si se deja puesto el catéter urinario por más de dos o tres días. Si todavía tiene un catéter puesto 48 horas después de la cirugía, averigüe si se le ha pasado quitárselo. Si empieza a tener malestar urinario, pídale a su enfermera que revise si el catéter está tapado.
  • Muévase. Eso le puede ayudar a prevenir las escaras o úlceras en la piel, otra de las causas de las infecciones adquiridas en el hospital, así como los coágulos potencialmente peligrosos en las piernas. Pero considerando que las caídas post-operatorias son frecuentes, pídale a la enfermera—o a un amigo o familiar—que le ayude a levantarse de la cama, y de ser posible, lo acompañe a caminar. Si es necesario que pase mucho tiempo en cama, pida que le pongan los cojines especiales para prevenir las escaras y que le pongan medias elásticas que previenen los coágulos.
  • Estimule su sistema inmunológico. Los fumadores y la gente con diabetes son especialmente susceptibles a las infecciones porque tienen funciones inmunes deprimidas. Los fumadores pueden dejar de fumar el mayor tiempo posible antes de ser admitidos al hospital. La gente con diabetes debe asegurarse que sus niveles de azúcar se mantienen bajo control antes y durante su estancia en el hospital.

Cómo prevenir confusiones con las medicinas

El paciente promedio en un hospital recibe 10 medicinas diferentes; algunas de éstas pueden tener etiquetas que se ven casi igual o nombres parecidos y pueden ser recetas de varios especialistas que dejan notas ilegibles o que no se comunican entre ellos para nada. El personal sobrecargado de trabajo puede confundir los microgramos con miligramos o confundir a un paciente con otro.

En un estudio (4) de 36 hospitales seleccionados al azar en Georgia y Colorado, los investigadores encontraron errores en 19 por ciento de las dosis de medicamentos administrados.

Los siguientes pasos a seguir le pueden ayudar a prevenir errores en la medicación y los análisis o pruebas administrados.

  • Haga una lista de sus medicinas. Asegúrese que el doctor que lo atiende sabe que usted quiere que le digan el nombre de cada nueva medicina prescrita así como para qué sirve. Usted puede rehusar cualquier medicina que considere que le administren por error. Asegúrese que continúe recibiendo cualquier medicina que ha estado tomando para una condición crónica, como diabetes o alta presión, ya que muchos hospitales por rutina interrumpen esos medicamentos cuando el paciente se interna. Esa práctica puede aumentar el riesgo de tener complicaciones.
  • Revise su pulsera del hospital. Asegúrese que la información en su pulsera—su nombre además de cualquier alergia a medicamentos—es correcta. El personal del hospital está obligado a revisar su pulsera cada vez que le administra un medicamento, o le toman una muestra de sangre, o le hace cualquier otra prueba. De no ser así, es prudente mencionarles su nombre y a qué es usted alérgico.

Parando en seco los errores quirúrgicos

Las sugerencias listadas abajo pueden sonar como si usted estuviera exigiendo privilegios especiales. Pero los cirujanos están acostumbrándose a recibir estas peticiones y no deberían molestarse, siempre y cuando las haga usted de forma amigable y cortés.

  • Preste atención a los procedimientos de imagen de resonancia. No tiene ningún sentido que le hagan una radiografía de la cabeza, si lo que le van a hacer es remplazarle la cadera. Recuérdele a su médico que le explique acerca de los estudios de rayos equis y de imagen de resonancia con anticipación.
  • De ser posible, planee su cirugía durante las horas en que hay más personal. El personal del hospital puede verse reducido en número durante los fines de semana y por la noche. Los procedimientos rutinarios programados para el lunes se ven pospuestos o cambiados de día debido a los casos de emergencia rezagados del fin de semana’ cuando la cirugía se hace en viernes, usted puede sufrir una reducción en el cuidado post-operatorio durante el fin de semana. Así que pida si puede tener la cirugía de martes a jueves por las mañanas. De esa forma, las horas post operativas inmediatas, cuando va a necesitar cuidados más intensos, van a suceder en el turno del día entre semana, cuando el personal está a su capacidad total.
  • Almacene su propia sangre. Las transfusiones presentan un riesgo bajo de transmitir una enfermedad infecciosa. Así que si su doctor le advierte que una transfusión es probable, considere donarse y ‘ahorrar’ su propia sangre con anticipación.
  • Pídale a su cirujano un autógrafo en el sitio de la cirugía. Aunque hay pocos reportes de cirujanos que operaron en el órgano o extremidad equivocada, ocurren con la suficiente frecuencia como para que los expertos en seguridad del paciente en el hospital aconsejen que el cirujano ponga sus iniciales en el sitio donde va a operar antes de hacerlo.
  • Conozca el riesgo que tiene de un ataque al corazón o de un coágulo. Cada paciente de cirugía mayor de 50 años debería ser evaluado para saber si tiene riesgo de tener un ataque al corazón o una embolia durante la operación. Si es ese el caso, debe recibir un bloqueador beta como metoprolol (Toprol-XL) o atenolol (Tenormin) antes de la operación y posiblemente otros medicamentos también. Y muchos pacientes de cirugía—incluyendo casi a todos los que se someten a procedimientos para reemplazar cadera o rodilla —deberían recibir medicamentos para adelgazar la sangre, como warfarin, inmediatamente después de la cirugía para reducir la incidencia de coágulos en las piernas o los pulmones.
  • Reciba suficiente anestesia. Demasiada anestesia aumenta el riesgo de complicaciones. Pero hasta 40,000 pacientes operados cada año, despiertan a la mitad de la operación porque recibieron muy poca. Ese es un riesgo muy particular para los pacientes sometidos a cirugías cardiaca, obstétrica, y por trauma. Pida a su cirujano o anestesiólogo que se asegure de que se mantenga dormido durante la operación entera.

Controlando su dolor

Aproximadamente la mitad de los pacientes dicen que no les controlaron adecuadamente el dolor durante su estancia en el hospital. Los pacientes que padecen de dolor no controlado tienden a permanecer más tiempo en el hospital y a sufrir más complicaciones. Sin embargo, hay medicamentos y otras técnicas que pueden reducir casi cualquier dolor de forma considerable.

Algunos cirujanos se resisten a usar morfina u otros opiatos, que son los calmantes o analgésico más fuertes que existen, aun cuando la posibilidad de adicción es realmente minúscula. O no consideran nuevas opciones, como la anestesia epidural, que controla el dolor inyectando directamente en la espina un medicamento que bloquea los nervios. El bloqueo nervioso es preferible a los opiatos después de ciertas operaciones, como reemplazo de articulaciones, ya que controla el dolor muy eficientemente pero no lo hace sentirse drogado. Además, la mayor parte de los hospitales cuentan actualmente con analgesia intravenosa controlada por el mismo paciente (PCA – por sus siglas en inglés), que le permite administrarse su propia dosis del medicamento (previniendo de esta forma una sobredosis) con un botón que está conectado a una bomba computarizada.

Los pacientes tienen que insistir en que se implemente un plan de control del dolor. Eso incluye pedir al médico que lo interne que deje instrucciones claras de medicamentos para controlar el dolor (así como para el insomnio o el estreñimiento), así cuando sea necesario, usted no tendrá que esperar mucho mientras la enfermera trata de llamar a su doctor. También pregúntele si el uso del PCA es apropiado y, de serlo, pida que lo entrenen a usarlo antes y después de la cirugía.

Hay algunas medidas que usted mismo puede tomar para ayudar a control mejor el dolor. Varios estudios han encontrado que los pacientes recién operados que escuchaban música suave y calmante a través de audífonos durante la recuperación reportaron sentir menos dolor que otros pacientes. Otras técnicas de relajación eficaces incluyen respiración profunda, relajación muscular, o escuchar cintas de audio de auto hipnosis o imaginación guiada.

Comunicación clara y directa

Las atareadas enfermeras apenas si tendrán tiempo de contestar cuando usted oprima el botón para llamarlas, olvídese de recibir respuestas detalladas a sus preguntas. Los técnicos le toman muestras de sangre o lo transportan a sus pruebas de resonancia magnética, pero no le pueden explicar siempre para qué son esas pruebas. Hay médicos desconocidos que entran a verlo en una visita corta, a veces con practicantes de compañía, y parecen hablar de usted entre ellos más que con usted. Y muchas veces no es claro quién está supervisando su cuidado.

A continuación le damos algunas sugerencias que le pueden ayudar a comunicarse clara y directamente con el personal del hospital.

  • Designe un acompañante. Tener un amigo, pariente o enfermera privada con usted la primera noche después de la cirugía es muy importante, o también en otros momentos cuando se sienta tan mal que no pueda valerse por sí mismo. Un acompañante puede ayudar a hacer valer sus necesidades y preferencias, a articular sus preguntas, documentar las respuestas, guardar copias de documentos médicos importantes, incluyendo su lista de medicinas y defenderlo si surge cualquier problema.
  • Sea cortés pero asertivo cuando sea necesario. Si se queja todo el tiempo o de manera agresiva de incomodidades triviales puede alienar al personal ya de por sí sobrecargado de trabajo. Pero por otro lado usted se merece respuestas prontas y adecuadas a sus peticiones y preguntas. Si lo están descuidando, pida hablar con el defensor de los pacientes del hospital o con una trabajadora social.
  • Investigue quién está a cargo. Para minimizar la ocurrencia de órdenes cruzadas entre los especialistas, haga que un solo doctor coordine el tratamiento. Su médico de cabecera o uno de sus colegas deberían de visitarlo a diario. Por otro lado, su cuidado puede estar en manos de un especialista residente del hospital, un nuevo gremio de especialistas que se abocan a supervisar el cuidado que los pacientes reciben cuando están internados en el hospital.
  • Escriba un testamento vital. Asegúrese que tanto el doctor que lo interne y el hospital tengan una copia de su testamento vital y un poder que designe a su representante de salud médica (proxy form). Este record de sus preferencias puede evitar cuidados extremos que usted no desea. Designe un apoderado para su cuidado de salud que pueda representar sus deseos ante los médicos y que pueda tomar decisiones que no estén indicadas en su testamento vital, si llega el caso de que esté usted incapacitado para hacerlo.
  • Planee su dada de alta. Cuando llegue el momento que lo den de alta, pídale a su doctor, cirujano o el encargado de darlo de alta, una lista de instrucciones para los medicamentos y aparatos que pueda necesitar en casa. En seguida, hable de cómo acondicionar su casa para la convalecencia. Por ejemplo, usted puede pedir que le arreglen su cuarto a la planta baja, conseguir un asiento elevado para el inodoro, quitar los muebles que obstruyen el paso, y quitar los tapetes y alfombras.

Finalmente, averigüe si va a necesitar terapia física, cuidado de enfermera en la casa, o una estancia en un centro de rehabilitación. Una vez que se interne en el hospital, pida hablar con el encargado de dar a los pacientes de alta del hospital (y pídale a sus doctores que hagan lo mismo). De esta forma el hospital puede iniciar el proceso para que reciba los servicios apropiados.

Si el hospital trata de darlo de alta antes de que usted sienta que está listo, insista en hablar primero con su doctor. Usted no debería irse a casa si se siente desorientado, mareado o inseguro, si tiene dolor que no se controla con analgésico oral, si no puede ir al baño sin ayuda, o retiene alimentos o líquidos. Si su doctor no puede hacer que le extiendan su estancia, apele al encargado de darlo de alta o al defensor de pacientes del hospital. Si es necesario, póngase en contacto con su seguro médico y con la administración del hospital. Y, pídale a un acompañante que lo lleve a su casa y que se quede con usted al menos por un día.

Lo que usted puede hacer

Para sacar el mayor provecho de su estancia en el hospital:

  • Consiga la ayuda de gente que puede supervisar su cuidado, incluyendo a un amigo o familiar, a su medico principal, y de ser necesario, al defensor de pacientes del hospital o a una trabajadora social.
  • Hable con su médico sobre los medicamentos y pruebas de laboratorio que pueda necesitar mientras esté en el hospital y platique de su testamento vital.
  • Pida información al cirujano del momento oportuno de la cirugía, de los antibióticos y las transfusiones, sobre la anestesia, de cómo mantenerse abrigado durante la operación, y también del control de dolor.
  • Revise los medicamentos y pida explicaciones si hay cualquiera que le parece desconocido.
  • Si es necesario, recuerde a las enfermeras y a los médicos que se laven las manos, que chequen su pulsera de hospital, el catéter, y la herida de la operación, que evalúen el riesgo de las complicaciones durante la cirugía, y que lo pongan de pie y a caminar de nuevo.
  • Presente sus objeciones enérgicas a cualquier intento de darlo prematuramente de alta, y consiga la información completa para su convalecencia en casa.




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